Agnimitra
Estrella Aquí - En la Luz del Cristo
23 de enero de 2014.
Saludo a ustedes en la luz del Cristo. Yo soy la Estrella de la Virtud Aquí.
Mientras mi forma física descansa, la Conciencia reasume sus plenas potencialidades y no encuentra límite de tiempo o espacio para la Comunión, para la Fusión o para la acción. Sí, porque el cuerpo ya no representa una barrera para la Comunión o para la Fusión, pero para ciertos mecanismos de acción del Alma, del Espíritu, aun es necesario que la forma repose y la conciencia se desprenda completamente de la noción de limitación.
Bueno, yo no les dejaré un nombre, pero pueden llamarme Teresa, porque éste fue mi nombre en una encarnación anterior, como Teresa de Ávila, del que tal vez ustedes han oído hablar, donde expresé la misma calidad vibratoria de la Virtud Aquí, sostenida por el pilar de la Humildad. Es sobre esta virtud, y acerca de este pilar de la Conciencia Unificada, la Conciencia Plena: Aquí, que me gustaría abordar con ustedes un poco.
En mi encarnación como Teresa de Ávila, expresé este impulso del "Aquí", reconociendo la limitación de la pequeñez del "aquí" conocido por la mente. Todo lo que yo conocía como "aquí" era mi cuerpo, la personalidad que yo animaba, y el mundo físico a mi alrededor, pero había un impulso, había; tal vez esta palabra puede ser empleada, ya que es la forma en que traducimos y entendemos, estas cosas en la encarnación. Un deseo, pero un deseo inmenso, un deseo incomparable, un deseo que no podía estar callado, una aspiración a algo más allá de esta limitación.
La misericordia de la vida me permitió tener contacto con ciertas enseñanzas consideradas muy peligrosas en ese momento, y sin embargo, para mi experiencia sirvieron como catapultas, como elementos potenciadores, orientadores de la experiencia mística. Así, aquello reafirmó el deseo que sentía, la aspiración que me movía y me abrí cada vez más plenamente a la vivencia de este impulso, a la vivencia de esta aspiración. Siempre con una conciencia muy aguda de las limitaciones de quien yo creía ser, las limitaciones de un cuerpo, las limitaciones inherentes de un ser humano, de un ser humano en este planeta, pero de todos modos también hubo una certeza, la certeza de que toda falta, una certeza de que cualquier deficiencia podría suprimirse por éste algo, porque esto es algo que trascendía mis pobres herramientas de interacción, de conocimiento, de alcance.
La vibración de la Virtud Aquí les permite trascender la limitación en una forma, y esto lo viví en la carne. Momentos en que era llevada a Estados que trascendían los habituales que yo conocía, momentos en que incluso las leyes físicas que regían ese cuerpo eran anuladas y ciertos fenómenos se revelaban, como la levitación, por ejemplo, y otras series de señales. Pero en cuanto la mente humana es llevada a valorar en demasía, los fenómenos, olvida, llevar la atención sobre aquello que está detrás de los fenómenos. En cuanto a la curiosidad ha sido incluso una forma de atracción, despertada por los fenómenos, permanece ciega a la infinidad de experiencias por detrás de los fenómenos. Lo qué sustentaba los señales que fueron considerados milagrosos por mis contemporáneos, era sólo esta Virtud Aquí, trascendiendo las limitaciones de la forma, la trascendencia vivida sin el conocimiento de los mecanismos que operaron allí, de las limitaciones de una forma en un espacio.
La Virtud del Aquí comienza a trabajar en nosotros, y yo digo "en nosotros", porque en este momento yo integro esta humanidad encarnada y conozco perfectamente las limitaciones y tengo un conocimiento muy agudo de las deficiencias que a veces estar limitada a una forma física nos muestra. Pero es, por este reconocimiento de las limitaciones, por este reconocimiento de la diferencia, por el reconocimiento de la falta también, diría yo, porque si se reconoce la falta, se la reconoce lúcidamente, entonces ya se abre una puerta para que el alma encarnada pueda aceptar lo que viene a suprimir de una vez por todas y para siempre la falta percibida. Pero al reconocer la deficiencia esa personalidad, porque ella es deficiente, ya que no expresa plenamente el poder ni de la Materia ni de la Conciencia, por el reconocimiento de la falta que impera en el estado psicológico, el orgullo es trascendido, o comienza a ser disuelto por lo menos, y el verdadero estado de entrega puede instalarse.
En mi caso, yo viví esta forma de entrega a un ideal místico: Cristo. Una entrega profunda, total e irrestricta, no a una figura histórica, sino más hacia aquello representado en la vivencia interior, porque aquella figura representaba para mí; (estoy hablando de aquella encarnación), la integridad, la perfección, el estado original, o aquel algo que yo deseaba desesperadamente, incluso irracionalmente, porque no comprendía porque eso me compelía a desearlo, a aspirarlo. Pero hoy en día podemos hablar en un leguaje actualizo, menos condicionado por valores religiosos, hoy hablamos de la Conciencia Cristica, como podríamos hablar de la conciencia Búdica, o de la Conciencia de Krishna, o hablar sólo de Conciencia, sólo de Amor.
Entonces por el reconocimiento del estado limitado, se puede vivir una forma de entrega, de aspiración a lo ilimitado. Porque es muy interesante que durante tanto tiempo, permanecemos ignorantes del estado que estamos, ¿no es así? ¿Cuánto tiempo hemos permanecido ignorantes, aún de la propia ignorancia? Reconocer y aceptar amorosamente, por último, porque a lo mejor hay un punto conflictivo en este reconocimiento, y es mejor aceptarlo amorosamente, sobre esto la Madre Divina ha hablado mucho ¿verdad, del acogimiento amoroso, de aceptación, de integración?
Reconocer la deficiencia de la personalidad y no rebelarse, porque rebelarse es colocarse de nuevo bajo el yugo de la personalidad. Porque Cristo no rechaza, Cristo sólo ama sin reservas, Cristo da la bienvenida a todos y todo sin distinción. Y era esta certeza irracional, una vez más, que el propio sistema de referencias religiosas que poseía en aquella experiencia, a menudo me mostraba una imagen diferente de este "todo Amor, toda aceptación", pero aún así, había una confianza completa de esta conciencia Crística, que Cristo, el Divino en mí, me aceptaba completamente, sin restricción. ¿Y cuál es la respuesta natural frente a tanto amor? ¿Y cuál puede ser la respuesta espontánea, incluso cuando se reconoce y se siente, como yo sentía, este amor, este acogimiento? Entrega. Amor, recepción irrestricta, del amor, de aquel que representa este Amor.
¿Qué es este Virtud Aquí? ¿Qué es este pilar de la Conciencia? ¿Cómo se manifiesta en la encarnación? Aquí planteamos una cuestión que es de total importancia para todos nosotros hoy, porque nuestro papel no es más ni menos que expresar el poder del Espíritu en la Materia, ni más ni menos. ¿Y cómo podemos cumplir con nuestro propósito, siendo que estas doce Virtudes componen esta expresión del Espíritu en la materia? "Aquí" ¿qué es este pilar de la Conciencia Plena y cuál es su expresión en esta materia? Una vez más les digo, la puerta de entrada al verdadero "Aquí", es un espacio Ilimitado, que está desplazado de la localización fija; como percibimos cotidianamente cuando estamos animando esta forma, comienza por el reconocimiento de la discapacidad de la personalidad. No como un atributo negativo, sino como aquello que es. Simplemente reconocer que esta personalidad, esta entidad que actúa, que habla, que piensa, que desea, que interactúa, que se ve compelida, que es movida, es deficiente; que no posee la capacidad para expresar la plenitud de la Divinidad. Y como ella permanece como un elemento separado, porque la personalidad se cree separada, es una porción de la materia que se cree separada, ¿no es así? Nuestros hermanos aquí utilizan este lenguaje con ustedes, ¿no es así? Como ella se cree separada, y permanece en la vida como un individuo aislado, no tiene la capacidad de expresar la plenitud del Espíritu, así como un vaso de agua no puede contener el agua del océano.
Humildad. La humildad es reconocer cada cosa por lo que es. Podemos acercarnos a este Pilar del corazón de esta manera. De este modo reconocer a la personalidad por lo que ella es. En una entidad que se cree separada la personalidad es débil, es frágil, sin valor, es deficiente. ¿Entonces, a quién apelar? ¿A dónde acudir? ¿Si todo lo que conocemos sobre nosotros mismos, es imperfecto? ¿Es frágil? ¿Es pasajero? Cuando reconocemos con humildad la realidad de la personalidad, de lo efímero, no hay otra opción, espontánea, automática diría, de volverse hacia lo que es Eterno, volverse hacia lo Divino, hacia lo que es Omnipotente. Y ahí, cada uno encontrará un lenguaje, un conjunto de referencias para ubicar esta vivencia, pero en el fondo es siempre el mismo, siempre el mismo mecanismo. ¿Y después?
Esta aspiración surge o comienza a ser experimentada, a ser vivida conscientemente, más consistentemente, cada vez más intensamente, y a lo largo de la vivencia misma, vamos percibiendo lo Divino en nosotros, lo Eterno en nosotros, y lo que somos, también tiene el poder de actuar sobre lo que es efímero y compartir con él su fuerza; tiene el poder de actuar sobre lo que es efímero y compartir con él su Eternidad; el poder de actuar sobre lo que es pasajero y compartir con él su poder infinito; tiene el poder de actuar sobre lo que está basado en el sentido de carencia y llenarlo de Amor ígneo ardiente. Y es precisamente aquí donde reconocemos y nos reconocemos en este Divino. Porque hasta entonces, hay una noción de que lo Divino es algo distinto de nosotros, un punto hacia el cual nuestra aspiración se dirige, una referencia a la que nuestra entrega se dirige, cuando este Matrimonio Místico comienza a producirse. Porque se dan cuenta que es la Materia casándose, fundiéndose en conciencia con el Espíritu, y nosotros somos el escenario, donde el misterio se revela. Y no hay problema en hablar de este misterio, porque hablarlo no lo abre, sólo vivirlo tiene sentido. Entonces podemos hablar de este misterio: ahí nos descubrimos como escenario de este casamiento, siendo a la vez la Materia y el Espíritu, lo Divino y lo Terrestre, la Tierra y el Sol.
Y fue precisamente esto lo que yo viví en esa experiencia llamada Teresa de Ávila, todo este trayecto, entremezclados con los mismos dolores, las mismas preocupaciones, las mismas discapacidades que todos nosotros compartimos en este servicio, en este Sagrado Oficio. Pero, es en medio de esta aparente imperfección que lo perfecto se manifiesta, aquí, y "Aquí" este milagro acontece.
Entonces, yo no tengo grandes verdades para revelar, vengo hoy aquí, sólo como una hermana que está sujeta a las mismas condiciones, que ustedes están sujetos. Yo soy solo como una puerta de Comunión y de Fusión, no porque yo sea especial, porque no tengo nada especial, sino porque reconozco el dolor de aquello que vive la falta, reconozco el sufrimiento de la Materia que se divorció de su Divinidad. Pero también conozco el júbilo, el Éxtasis, conozco lo Inefable de ese reencuentro. Y si de algo sirven mis palabras, mi Presencia, me gustaría que sea para reafirmar esta certeza en sus corazones, y que me recuerden cuando se sientan débiles, que se acuerden de mí cuando todo parezca difícil, incluso cuando la incredulidad llame a la puerta de sus corazones, porque yo también conozco la incredulidad. ¡Ah! ¿Cuántas veces he llorado, he gritado, a menudo me desesperé ante esta deficiencia tan evidente, pero les puedo garantir: lo Divino nunca se aparta, lo Divino nunca se apartó, Cristo está siempre allí, y él se revela, él acoge, y el ama, y él comparte sus dones y su Gracia a todo vaso que se coloca como receptáculo.
Al reconocer la imperfección la perfección se revela, por el reconocimiento de la limitación aquí, se revela la Ilimitación "Aquí". Este es mi impulso, este es el Don que quiero compartir con ustedes. Así que los dejo físicamente, pero los dejo en la Presencia que somos, porque este Amor nos une, este Amor trasciende todas las distancias, y al igual que mi Corazón les da la bienvenida, su Corazón, incluso si no lo perciben, me está dando la bienvenida y dándome también fuerzas, supliendo la falta que percibo, en la personalidad que yo animo.
Yo los Amo con el mismo Amor que me aman, en secreto. Pero llega un momento en que el secreto se revela, y en ese momento nos reconocemos cara a cara, porque hemos reconocido el Cristo Interno, cara a cara.
En la Luz del Cristo, hermanos.
Transcripción hecha por colaboradores del Agnisangha.
Revisión final: Agnimitra.