Selén
Isméri
La Intimidad del Espíritu
3 de junio de 2015
Saludos amados hermanos y hermanas.
Yo soy Isméri, Estrella que encarna
la energía del Espíritu, Omega o Intención. En una de mis encarnaciones yo fui
conocida con el nombre de Ana, o por lo menos éste fue el nombre que llegó a
ustedes a través de la tradición.
Pero hoy vengo a esta medio, sirviéndome
de otro de mis aspectos, sirviéndome de otro aspecto de esa misma cualidad
vibratoria que encarno y manifiesto en este planeta, como emanación de la Madre
Divina, como emanación de IsIs. Hay una tónica de esta virtud, una virtud que
aún para ustedes permanece muy misteriosa, poco comprendida, que habla de la
Intimidad, la Intimidad del Espíritu.
Ya les fue dicho muchas veces,
respecto a las bases de la nueva vida, ya se les habló de la relación de esta
Virtud del Espíritu, con las bases de esta nueva vida. Nueva, no porque sea un
producto nuevo. Nueva, porque así parece al alma que atraviesa la experiencia
de olvido. Nueva porque es fresca en la remembranza, y finalmente nueva, porque
la realidad es siempre nueva para el corazón inocente.
La virtud de la Inocencia es la
médula de esta virtud Omega o Intención. Una relación insospechada, pero la
esencia pura de la Intención, es la Inocencia, el suelo y esto tal vez les sea
familiar, el suelo de donde la intención saludable surge, es la inocencia, el
reconocimiento de que no hay distancia entre nosotros y ustedes. La Inocencia
les permite percibir, que no existe sino, ustedes.
En una de mis encarnaciones, yo
manifesté profundamente el aspecto de la Intención, este aspecto de la
virtud del Espíritu, simbólicamente llamado Omega. Y por la razón que sea, de
la cual en verdad no vamos a preocupamos mucho, en aras de la verdad. Tal
vez por ser muy escandalosas. No... El hecho es que acostumbran,
acostumbran ponernos en boca de la gente, entonces esta encarnación también es
conocida de ustedes, como Santa Rita de Casia.
En esa encarnación yo manifesté
profundamente este aspecto, la virtud del Espíritu: como la Inocencia
está en la base de la Intención, y como solo de la Inocencia, una Intención
pura surge, y como la Inocencia es capaz de purificar la intención, o mejor,
rectificar la Intensión.
Todo esto yo manifesté en esta
encarnación mostrando la intimidad del Espíritu en la vida humana, y este es el
punto que me gustaría traer para ustedes, en este encuentro nuestro, y en
esta reunión.
El Espíritu debe que ser para ustedes
una realidad íntima, el Espíritu no deber ser visto por ustedes como
imaginación distante, diáfana o bella, solamente. Y no me refiero al Espíritu
como algo opuesto a la materia, yo me refiero al Espíritu como la materia en su
estado incondicionado, ya que la materia es solo Espíritu expresándose en medio
de condiciones y condicionamientos.
Esta misma Materia que compone cada
cosa fija, como pueda parecer a sus sentidos, es el Espíritu, en su esencia
ilimitada, en si Esencia incondicionada, en su realidad imperecedera, e incluso
incomprensible.
Pero así como la materia de la cual
ustedes no pueden huir, porque no hay existencia sin materia, no hay un solo
punto en el universo hacia donde la conciencia pueda dirigirse en que ella no encuentre allí realidad material.
El Espíritu es el espacio que todo impregna, es la Vida que todo anima, es el
Fuego, la chispa en el interior de cada átomo que compone estos aglutinados
materiales.
Ahora, estas palabras transmiten aun
una noción muy distante, estas palabras transmiten aun una visión fría. Estas
palabras aun dan lugar a la creación de una visón intelectual, a una visión
desprovista de vida.
Es por eso que nosotras Estrellas,
especialmente, otras coyunturas de conciencia también, pero nosotras Estrellas,
y hago referencia a las doce manifestaciones de la Madre Divina, de la
Divina Isis, en cualquier tradición que haya sido, o momento histórico cultural
o social en que nos hayamos manifestado en medio de la historia de este mundo,
nosotras siempre encarnamos nuestra vivencia por medio de la vía
mística.
Exactamente, porque dentro del
impulso que nos mueve, está develar para la humanidad la concomitancia y más
allá de esto, la completa igualdad de la vida en cualquiera que sea su aspecto.
Y claro, yo y mis hermanas nos manifestamos cíclicamente en diferentes puntos
de esta planeta, expresando entonces esta mística, que no es otra cosa, sino el
proceso del reconocimiento de la unión o de la unidad intrínseca.
Pero a pesar de todo esto, nosotras
siempre revelamos esta intimidad profunda sirviéndonos de cualquiera que haya
sido símbolo del Espíritu, o símbolo de la Divinidad. Especialmente en esta
encarnación como Santa Rita de Casia o Margarita, como era en verdad el nombre
de la persona manifestada en aquel momento, yo pude vivir intensamente y dejar
registrado en el éter de este planeta, la posibilidad de una relación
intima, real e incluso palpable, con el Amado.
Cuando el soplo que entra por sus
narinas y sirve de combustible para mover sus músculos, es visto como el
hálito de este Amado, y por este hálito Divino el corazón se contorsiona en
gratitud, cuando la luz del sol que toca su cuerpo es visto como la propia
majestad de este amigo, más que hermano, ustedes abren su pecho para anidar
esta presencia Divina; cuando las acciones que realizan en este mundo,
ustedes las ven como pequeños favores que prestan a este bien Amado, entonces
yo estoy allí presente. En este estado de conciencia, mi presencia se funde en
vuestra presencia, y por esta Gracia ustedes se transforman en una base para la
nueva vida.
Bien amados, las bases para la nueva
vida, más allá de los grandes pilares de Fuego que nosotras instalamos en este
planeta, y más allá de los círculos de fuego que encienden en este mundo, estas
bases ante todo, son ustedes. Y el reconocimiento de la intimidad con el
Divino, esto es lo sacraliza la Materia.
Yo no vengo a convencerlos de
cualquier camino, no vengo a darles ningún método, ninguna técnica, no vengo a
sancionar esta o aquella forma de vivir la vida, porque la vida, se vive. Y
ustedes en cuanto conciencia, son espectadores y también co-creadores de la
realidad que se descortina en esta vida. Pero la vida nos mueve, lo Divino nos
mueve, el Espíritu es el verdadero combustible que nos mueve.
Entonces, mis palabras no van en
dirección de reafirmar cualquier verdad personal, mucho más, mi presencia evoca
en ustedes el reconocimiento de la humanidad de Dios. Dentro de la
tradición mística cristiana, todas las almas que de forma más o menos
consciente desempeñaron o desempeñan el papel de anclaje de forma un poco
más consciente, todas estas almas tienen como garantía, la humanidad de
Dios.
Comprendan, sin embargo, esta humanidad
de Dios no como una figura cristalizada o fija. Los símbolos son eso,
símbolos, y estos solo sirven si ustedes van más allá de ellos. Y
la figura dentro de esta tradición, llamada "Hijo de Dios" o
"Dios hecho hombre"- a despecho de cualquier realidad relativa
histórica, sobre la cual ustedes conocen muy poco - es un símbolo de
la humanidad de Dios y, por tanto, un símbolo, es un símbolo de ustedes
mismos.
Nosotras somos sobre este mundo el
milagro de la humanidad de Dios. Y al reconocer la humanidad de Dios,
nosotras reconocemos la sacralidad de la materia, y recocer la sacralidad
de la materia es reconciliarse con la Madre cósmica. La Llama oculta y velada
que sustenta la danza universal es, no obstante, develada y saboreada en esta
Madre que es la faceta brillante de aquella Llama oculta, siendo ella misma la
Llama oculta.
La Madre Divina representa, hermanos
y hermanas, solo esto: nosotros somos la Llama oculta de la vida. Porque
la Madre Divina es el tejido donde nosotros encontramos existencia, es la
chimenea donde todos los corazones arden como uno solo.
En este Corazón Sagrado, que para
ustedes es un punto en el centro del pecho, aunque esto sea solo una
representación - aunque muy objetiva porque es vibratoria - este corazón de
Fuego es el templo donde todos nosotros vivimos la intimidad del Espírito y es
a partir de éste templo que percíbenos que el Espírito impregna toda la
vida.
En cuanto estas palabras son emitidas
y percibidas por el cerebro, mi presencia impulsa en su interior la
implosión de todas las barreras que aun compartimentan la vida. En cuanto el
silencio acoge mi presencia en ustedes, este Fuego misterioso de la vida
disuelve las barreras que aun separan, dividen y colocan el Espírito de un lado
y a la Materia de otro, aun colocan la mente en oposición al alma y al
cuerpo en oposición a la Luz.
En cuanto la receptividad acoge mi
presencia en ustedes, esta presencia actúa para disolver la separatividad
y la repulsión, de modo que no solamente ustedes sean capaces de reconocer la
presencia del Amado, la presencia del Divino en todo y en todos, como también
que ustedes recobren la conciencia de que son el vehículo del Amado para todo y
para todos.
En la inocencia de esta intimidad,
una inocencia que no ve la posibilidad de causar daño porque no conoce la
distancia o la separación, la intención es curada, rectificada. Y
la quimera de una vida espiritual en otro mundo, en otro nivel, en otro
ciclo se deshace y el suelo que sus pies pisan es suelo sagrado, y
la materia de este cuerpo es materia sagrada, y el propio tejido
dimensional es espejo que refleja la gloria de la Divinidad.
Yo los dejo en medio de este impulso.
Yo soy Isméri y transmito a sus corazones una bendición especial.
Transcripción hecha por colaboradores de la ELV.
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Traduccion: H. N.